Alba
El derecho del primer ocupante
Cuando nacisteis os encontrasteis con padres que os daban todo lo que os hacía falta: comida, vestido, casa y todas las demás…
Doña Fortuna y Don Dinero
Pues, señores, vengamos al caso: era éste que vivían enamorados doña Fortuna y don Dinero, de manera que no se …
El cumpleaños de la infanta
Historia verídica
A un señor se le caen al suelo los anteojos, que hacen un ruido terrible al chocar con las baldosas. El señor se agacha afligi…
La primera aventura
Es asombrosa la forma en que lo vivido puede parecemos extraña e incluso cómo puede desaparecer de la cabeza. Años ente…
A First Spanish Reader
El gato negro
I
Ni espero ni quiero que se dé crédito a la historia más extraordinaria, y, sin embargo, más familiar, que voy…
Viven porque están muertos
—El amor es un estado patológico que dura más en los débiles y menos en los fuertes —dijo el joven mirando fijamente a …
La española inglesa (1)
La violación de Lucrecia
Un lugar limpio y bien iluminado
Era tarde y todos habían salido del café con excepción de un anciano que estaba sentado a la sombra que hacían l…
El poema vivo del amor
Un atardecer de primavera vi en el campo a un ciego conducido por una doncella que difundía en torno de sí nimbo de reposo. Er…
Doctor en medicina
Según Tito Livio, hubo una vez un caballero de gran honor y distinción, rico en amigos y muy acaudalado. El caballero tuvo de…
El mozalbete de la cabeza dura y su hermana del pie pequeño
Los ocios encantadores de la adolescencia desocupada
Se cuenta –pero Alah es más sabio– que en una ciudad entre las ciudades de un p…
El rey lagarto
Érase una vez un zapatero que tenía una hija muy hermosa y buena, pero era tan pobre que apenas podía mantener a su muj…
El caballero sobre el hielo
Era un invierno largo y riguroso, y nuestro hermoso río, que discurría por la Selva Negra, permaneció durante semanas c…
Camino de perfección
Platero y Yo
Dondequiera que paro, Platero, me parece que paro bajo el pino de la Corona. Adondequiera que llego—ciudad, amor, gloria—me parece que llego…
La confesión de un crimen
En el vasto salón del Prado aún no había gente. Era temprano; las cinco y media nada más. A falta de personas fo…
Leyenda del Cadejo
Y asoma por las vegas el
Cadejo, que roba mozas de
trenzas largas y hace ñudos
en las crines de los caballos
Madre Elvira de San Fra…