Alba
Un señor muy viejo
El príncipe
Hubo príncipes que, para conservar sin inquietudes el Estado, desarmaron a sus súbditos; príncipes que dividieron los …
Duelo y melancolía
Después de habernos servido del sueño como modelo normal de las perturbaciones mentales narcisistas, vamos a intentar esclarec…
Ojos de perro azul
Entonces me miró. Yo creía que me miraba por primera vez. Pero luego, cuando dio la vuelta por detrás del velador y yo …
La metamorfosis
Berenice
La desdicha es muy variada. La desgracia cunde multiforme en la tierra. Desplegada por el ancho horizonte, como el arco iris, sus colores so…
Lo perecedero
Hace algún tiempo me paseaba yo por una florida campiña estival, en compañía de un amigo taciturno y de un joven…
La luz es como el agua
En Navidad los niños volvieron a pedir un bote de remos.
-De acuerdo -dijo el papá, lo compraremos cuando volvamos a Cartagen…
Un escándalo en Bohemia
A las tres en punto del día siguiente estaba yo en la casa de Baker Street, pero Holmes no había vuelto aún. La patron…
El egoísmo
Es para nosotros una gran fortuna que la prudencia y la urbanidad arrojen su manto encima y nos impidan ver cuán general y recí…
Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo
El invierno se precipitó un domingo a la salida de misa. La noche del sábado había sido sofocante. Pero aún en l…
La noche boca arriba
Y salían en ciertas épocas a cazar enemigos;
le llamaban la guerra florida.
A mitad del largo zaguán del ho…
Ladrón de sábado
Hugo, un ladrón que sólo roba los fines de semana, entra en una casa un sábado por la noche. Ana, la dueña, una …
La siesta del martes
El tren salió del trepidante corredor de rocas bermejas, penetró en las plantaciones de banano, simétricas e intermina…
Obsesiones y fobias
Comenzaremos por negar dos aserciones muy frecuentemente repetidas con relación a los síntomas objeto de este estudio, o sea a…
El origen del mal
En medio de un bosque vivía un ermitaño, sin temer a las fieras que allí moraban. Es más, por concesión d…
El corazón delator
¡Es cierto! Siempre he sido nervioso, muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco…
Siddharta
Siddharta marchó a casa del comerciante Kamaswami. Le habían enviado a una rica mansión; los criados le guiaron sobre …
La intrusa
Dicen (lo cual es improbable) que la historia fue referida por Eduardo, el menor de los Nelson, en el velorio de Cristian, el mayor, que f…