Audiolibros LibriVox
El velo del templo
Leído por Alba
Justo Sierra Méndez
Era un Jueves Santo por la noche. Habían acabado las ceremonias de la tarde, y tras un día de fatiga y de calor, yo, joven se…
La sirena
Leído por Alba
Justo Sierra Méndez
Desde la popa de uno de los buques de corto calado que pueden acercarse a Campeche, la ciudad mural parece una paloma marina echada sobre …
Silencio
Leído por Alba
Nicanor Bolet Peraza
Hijo mudo de la soledad y del misterio, tú eres el esposo esperado de la noche, el amigo ansiado de los que padecen, de los que n…
El conejito
Leído por Alba
Miguel Hernández
A un conejito se le ocurrió echar a correr. Corría y corría, y no dejaba de correr. Corría tanto que pronto se e…
Un hogar en el árbol
Leído por Alba
Miguel Hernández
Un día Nita vio un nido en el árbol que había junto a su ventana. -¡Toñito! -dijo a su hermano-. Se ve un …
La sepulturera
Leído por Alba
Eusebio Blasco
I — ¡Ahí tienes la cena! Yo no tengo ganas. —Pues están muy apetitosas las chuletas, y el arroz huele a gloria... &ique…
Una cena muy original
Leído por Alba
Fernando Pessoa
Fue durante la decimoquinta sesión anual de la Sociedad Gastronómica de Berlín cuando el presidente, Herr Prosit, hizo…
Unos cuantos tomates en una repisita
Leído por Alba
Efrén Hernández
Mirar no es como ver. Ver, es dejar que la luz obre sobre el dispositivo de los ojos. El que abre los ojos, el que no se los tapa, &ea…
Amor, eternidad
Leído por Alba
Luis de Castresana Roldán
Estaban apoyados en la barandilla mirando la ría. Una ligera neblina se enredaba en lo alto de las grúas, que se alzaban como …
Gloria
Leído por Alba
Miguel Sawa
—Las campanas tocan a gloria. Chiquilla, también dentro de mi corazón están repicando fuerte. Sí; yo he vuelto a…
Proyecto de carta
Leído por Alba
Miguel Sawa
Encontré esta carta en un libro viejo que compré no recuerdo dónde. Y como creo que la tal epístola merece ser …
La viuda
Leído por Alba
Miguel Sawa
Todos los meses iba por lo menos una vez a visitar la tumba de su esposo. Era el suyo un dolor plácido y tranquilo. Se había a…
La comedia eterna
Leído por Alba
Miguel Sawa
—No... nada de gritos... Hablemos tranquilamente, sin exaltarnos... Ya verás como al fin logramos entendernos. Vamos, con franqueza, …
Las víctimas del trabajo
Leído por Alba
Miguel Sawa
—¡Pepe! La voz venía de la calle y era una voz fresca y alegre como una carcajada. —¡Demontre, la Luisa!—gritó e…
El aniversario
Leído por Alba
Miguel Sawa
Saltó de la cama, medio desnuda; la camisa desprendida de los hombros, el pelo suelto sobre la espalda, y escondiendo sus piec…
Soliloquio
Leído por Alba
Miguel Sawa
LA SEÑORA MARQUESA DE *** —Oh, cuán frágil de memoria es usted, señora marquesa! He pasado toda la noche d…
Fragilidad
Leído por Alba
Miguel Sawa
—Te aseguro... Entonces ella se puso en pie, dando por terminada la conversación, y tranquilamente, sin alterarse, con acento sereno…
La derrota
Leído por Alba
Miguel Sawa
Estaban solos. Ella, Julia, sentada en una marquesita próxima a la chimenea, muy seria, muy pálida, con los ojos bajos,…
La musa eterna
Leído por Alba
Miguel Sawa
—Mi querido poeta: ya sabe usted que las mujeres tenemos el derecho de ser curiosas... Pero bien, yo quiero formularle a usted una pregunta,…
Werther
Leído por Alba
Miguel Sawa
Tuvo aquella entrevista el carácter misterioso necesario para toda confidencia. Los dos estaban solos. Él comenz&oacut…