Audiolibros LibriVox
La agonía blanca
Blanca como esta noche no he visto cosa alguna:
ni el mármol, ni la nieve, ni el armiño. Semeja
el cielo, un gran …
Metamorfosis
Era un cautivo beso enamorado
de una mano de nieve, que tenía
la apariencia de un lirio desmayado
y el palpitar de …
El león y la raposa
Estaba cojo una vez
un león viejo —no es nuevo
quien anda mucho mancebo
estar cojo a la vejez— .
Como no podí…
La mula del doctor
Tuvo un pobre una postema
(dicen que oculta en un lado)
y estaba desesperado
de ver la ignorante flema
con que el do…
El asno y el cochino
Señor Juan de Silva, escuche:
Crió un villano en su casa
un cochino y un jumento.
Al cochino regalaba
…
La aventura
Rosario echó sobre sus hombros el mantón alfombrado; luego anudóse con gracia, bajo la barbilla redonda, el pañu…
El rival
La única mujer que me ha trastornado inspirándome algo espiritual, algo dominador—dijo Tresmes evocando uno de sus recuerdos d…
Cleopatra
(Montevideanos, 1959)
El hecho de ser la única mujer entre seis hermanos me había mantenido siempre en un casillero especial …
Las literatas
Mi querida Eduarda: ¿Seré demasiado cruel, al empezar esta carta, diciéndote que la tuya me ha puesto triste y malhumor…
Las contemplaciones
Cuando aparece en el Oriente una claridad vaga y pálida; cuando la puerta del día empieza a entreabrirse semejante a un sue…
Las contemplaciones
El ángel de la guarda
La mañana que digo, un bizarro mancebo y una hermosísima joven, vestidos con sencillez y buen gusto, como gentes acomodadas de…
El peatón
Entrar en aquel silencio que era la ciudad a las ocho de una brumosa noche de noviembre, pisar la acera de cemento y las grietas alquitran…
El signo interior
Mi hermana Florencia-—me contaba Mario era la alegría de la casa y la tristeza de sí misma. Después de loquear, de re…
El nadador
Era uno de esos domingos de mitad de verano en que todo el mundo repite: «Anoche bebí demasiado.» Lo susurraban los felig…
A María
¿Qué es esto que hay en mí?... Si ayer mi pecho
tranquilo y libre de temor latía,
¿por qu&eac…
A E...
¿Dónde aprendió, mi bien, tu dulce acento
a modular la célica armonía
que a torrentes inunda …
El misal rojo
En la cúspide del inmenso Árbol de la Vida floreciste. ¡Salve, por heroica, celebrada por las heridas que besan amoros…
La dicha de vivir
Poco antes de la oración del huerto, un hombre tristísimo que había ido a ver a Jesús, conversaba con Felipe, mi…
El espítitu nuevo
En un barrio mal afamado de Jafa, cierto discípulo anónimo de Jesús disputaba con las cortesanas.
-La Magdalena se…