Romance
Al día siguiente
Los dos despertaron al mismo tiempo, y al verse juntos se miraron sorprendidos, aun inconscientes por el sueño. Después juntar…
Amor
Deja un instante que en tu seno ardiente
hallen mis besos el placer ansiado,
y escuche palpitar enamorado
tu joven coraz&o…
El zapato blanco
Creo que nevaba. Los vagos ruidos de la calle apenas turbaban el silencio. No parecia sino que estuviésemos en el campo, duran…
Naufragio inconcluso
Este temporal a destiempo, estas rejas en las niñas
De mis ojos, esta pequeña historia de amor que
Se cierra como …
En pos del ensueño
Releía las cartas esparcidas sobre la mesa como si deseara fortalecer su ánimo. Al fin, de un día a otro, iba a conoc…
Los hermanos Van-Buck
En una ciudad alemana, no lejos de las orillas del Rin, vivían los dos hermanos Van-Buck, que pasaban por ser, y con razón, do…
La niña de Guatemala
Quiero, a la sombra de un ala,
contar este cuento en flor:
la niña de Guatemala,
la que se murió de amor.
Er…
La musa eterna
—Mi querido poeta: ya sabe usted que las mujeres tenemos el derecho de ser curiosas... Pero bien, yo quiero formularle a usted una pregunta,…
Los azahares de Juanita
Mirar los blancos azahares con que se coronan las novias en tren de matrimonio, y sentir una carcajada cosquillearme en la garganta, es todo…
Dramas del tercer patio
La conoció siendo vigilante.
Por la mañana cuando estaba de facción en la esquina, arrebujado en su grueso capote azul…
Un idilio en una jaula
Ella era una muchacha rubia, muy rubia, verdadero tipo de soñadora, con los ojos azules, el cutis pálido y los labios entreabi…
Por qué la mató
Y fijando en ella sus grandes pupilas de felino, aquel impasible, que parecía haber absorbido los desalientos de muchas generacione…
Las queridas de humo
Vienen lejos aún. Vagamente escucho el hallalí de los caracoles y el ladrido de los perros. Es el conde Lascaro que va a la …
La derrota de eros
A Luis Berisso
Oh, juventud viril, hermosa y galante juventud, que en el esplendoroso salón de baile girabas anoche, incesante, en to…
El sacristán
Algunos dijeron que era el cura, pero yo pienso que debió de ser el sacristán. Porque es más de sacristán aquell…
El artículo 438
Así, poco a poco, los dos amantes habían olvidado sus temores. Se habían acostumbrado a convivir, como si fuesen un ver…
Los tres cajoncitos
Con gesto resuelto, como de persona que, suceda lo que suceda, no ha de cambiar de voluntad, la condesa Adelina designó el mue…
Gloria
—Las campanas tocan a gloria. Chiquilla, también dentro de mi corazón están repicando fuerte. Sí; yo he vuelto a…
Werther
Tuvo aquella entrevista el carácter misterioso necesario para toda confidencia. Los dos estaban solos.
Él comenz&oacut…
La derrota
Estaban solos. Ella, Julia, sentada en una marquesita próxima a la chimenea, muy seria, muy pálida, con los ojos bajos,…