Memorias
Por qué engañan los hombres a las mujeres
Cuando el Sr. Poncet terminó de hablar, la anciana señora Míguez reiteró su tesis de que el género de vi…
Estoy sin cigarrillos y sin ti
La felicidad me dejaba siempre solo.
Después del amor miro el cielo raso que es el cielo de los amantes: vacío de cal blanca…
La primera aventura
Es asombrosa la forma en que lo vivido puede parecemos extraña e incluso cómo puede desaparecer de la cabeza. Años ente…
El Niño Con Cancer
un niño a muerto de cancer y la madre esta destrosada se pone a llorar y cuando despierta encuentra una carta de su hijo que le cuent…
El miedo a la muerte
I
Se podría yo decir cuándo experimenté la primera manifestación de este miedo, de este horror, debiera decir, a…
El poema vivo del amor
Un atardecer de primavera vi en el campo a un ciego conducido por una doncella que difundía en torno de sí nimbo de reposo. Er…
Platero y Yo
Dondequiera que paro, Platero, me parece que paro bajo el pino de la Corona. Adondequiera que llego—ciudad, amor, gloria—me parece que llego…
Diálogos pitagóricos
En la tarde de un domingo, a la vera de una calzada por donde corren, envueltos en polvo de oro como en una transfiguración, esbelt…
Antes de dormir
Te llevo como un objeto perteneciente a otra edad, encontrado un día al azar y que palpamos con manos ignorantes. ¿Fragmento …
Carta a dos desconocidas
Todavía no sé cuál es tu nombre. Te siento tan mía que llamarte de algún modo sería como separarm…
Autobiografía burlesca
Dos o tres personas me escribieron en diferentes ocasiones diciéndome que si yo publicaba mi autobiografía tal vez la leer&iac…
Historia de una infidelidad
Hay muchas situaciones y maneras de ser infiel. Cristo lo sabía. No nos referiremos a su videncia de la última cena, donde an…
Lección de cocina
La cocina resplandece de blancura. Es una lástima tener que mancillarla con el uso. Habría que sentarse a contemplarla, a des…
No te rindas
No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
…
Luvina
De los cerros altos del sur, el de Luvina es el más alto y el más pedregoso. Está plagado de esa piedra gris con la que…
La mula y el buey
- II -
Allá en lo más hondo de la casa sonaban gemidos de hombres y mujeres. Era el triste lamentar de los padres, que no pod&…
Alienación
A pesar de ser zambo y de llamarse López, quería parecerse cada vez menos a un zaguero de Alianza Lima y cada vez más a…
No se conoce al hombre por la canción que canta
Fue en primer curso, en clase de Orientación Profesional, hace ya quince años, donde conocí al expresidiario Alberto P…
El tren
Apretó el paso. No podía perder el tren.
Ayer, cuando volvió del trabajo, había encontrado un sobre en el buz&o…
Soliloquio de un solterón
Me miro el dedo gordo del pie, y gozo.
Gozo porque nadie me molesta. Igual que una tortuga, a la mañana, saco la cabeza debajo la cap…