Crítica Literaria
El conde Lucanor
En el nombre de Dios: amén. Entre las muchas cosas extrañas y maravillosas que hizo Dios Nuestro Señor, hay una que lla…
Las medias rojas
Cuando la rapaza entró, cargada con el haz de leña que acababa de me rodear en el monte del señor amo, el tío Cl…
Cartas a los muertos
Mi querido poeta:
He sabido que Ud. va a publicar un nuevo libro. Y me apresuro a advertirle que Ud. no puede hacer eso. La razón que…
Ella
Cuando Ella murió después de largas semanas de agonía y morfina, de esperanzas, anuncios tristes desmentidos con viole…
Maravillas de la voluntad
A las tres en punto don Pedro llegaba nuestra mesa, saludaba a cada uno de los concurrentes, pronunciaba para sí unas frases indesci…
La flor de la salud
No lo dude usted -declaró el médico, afirmándose las gafas con el pulgar y el anular de la abierta mano izquierda. - He…
El banquete
Con dos meses de anticipación, don Fernando Pasamano había preparado los pormenores de este magno suceso. En primer té…
La novela del tranvía
Cuando la tarde se obscurece y los paraguas se abren, como redondas alas de murciélago, lo mejor que el desocupado puede hacer es sub…
A la plata
Aquel enjambre humano debía presentar a vuelo de pájaro el aspecto de un basurero. Los sombreros mugrientos, los forros encarn…
El ramo azul
Desperté, cubierto de sudor. Del piso de ladrillos rojos, recién regados, subía un vapor caliente. Una mariposa de ala…
Muerto y resucitado
Confieso que cuando leí en el Boletín de los Ejércitos que yo había muerto en el campo de batalla, en uno de a…
El túnel
Un lago, sereno y azul, en el marco profundo de las montañas, coronadas de nieves perpetuas; el encaje obscuro de los jardines descie…
La enemistad de las cosas
Arqueó su boca al bajar los ojos sobre la tricota azul que llevaba puesta. Desde hacía días, una aprensión inme…
Primer amor
En la zona más oscura y húmeda de la plage, esa parte donde, con marea baja, se encuentra la mejor arena para hacer castillos…
Un milagro
Habían volado extenuadas en demanda de las regiones ecuatoriales, y era la única pareja superviviente al numeroso bando que co…
Primavera triste
El viejo Tòfol y la chicuela vivían esclavos de su huerto, fatigado por una incesante producción.
Eran dos &a…
Sueños
La comida, una comida de amigos, había terminado. Eran cinco: un escritor, un médico y tres célibes ricos, sin profesi&…
Beatriz
Cercaba el palacio un jardín señorial, lleno de noble recogimiento. Entre mirtos seculares, blanqueaban estatuas de dioses: &i…
Bonifacio
Bonifacio vivió buscándose y murió sin haberse hallado; como el barón del cuento, creía que tirá…
El vicio
Camino del colegio, por aquella calle de casas señoriales, a través de cuyo zaguán se entreveía en el patio anch…