Crítica Literaria
Biografías breves
Escritor argentino, hijo de un inmigrante prusiano y una italiana, Roberto Godofredo Christophersen Arlt nació en Buenos Aires, en el…
Pregones
Eran tres pregones.
Uno cuando llegaba la primavera, alta ya la tarde, abiertos los balcones, hacia los cuales la brisa traía un arom…
El organillo de la muerte
Cuando Pedro Andía y Juana Dióscoro tuvieron su único hijo, la falta de dinero quitó al bautizo toda brillantez…
Por ahí
¿Domingo?
Caramba, día de divertirse.
¡Cuánta gente! Todos suben, se alejan del centro. Yo me acerco, al rev&eac…
El patio andaluz
Y poco bien que se destaca la pintura tras la labrada cancela, con su plátano abriéndose en opulentos arcos, y sus floreros co…
La señorita Olympe
Con la vida de la señorita Olympe Bardeau, podría escribirse una novela de costumbres provincianas, pero sería muy mon&…
La receta
Terminada la consulta, pude entrar en el despacho, donde mi buen amigo el doctor se ponía el abrigo y el sombrero, para nuestro habi…
Villaporrilla
¿Aldeas? En buena hora. Pero en el lienzo para adornar mi gabinete o en el libro para decorar mi estantería. Ni más ni…
Suicidio frustrado
Cuando el afamado médico estaba haciendo la digestión de la comida, vinieron a reclamar su auxilio para un caso verdaderamen…
Un friso del Partenón
Henos aquí en Atenas. El Cerámico abre espacioso cauce a ingente muchedumbre, que, en ordenada procesión, avanza …
El bautizo
AL SEÑOR DON JOSÉ DE CASTRO Y SERRANO.
Confieso que esta vez me hallo dispuesto a echar una cana al aire, ya que se presenta l…
El espítitu nuevo
En un barrio mal afamado de Jafa, cierto discípulo anónimo de Jesús disputaba con las cortesanas.
-La Magdalena se…
El barco a vapor
Retirados al pueblo, los Bornet son vecinos de los Navot y entre las dos parejas existe muy buena relación. Les gusta por igual la tr…
Juan Lanas
Bien dicen que Dios jamás olvida a los pájaros ni a los cronistas. Temí no hallar asunto para escribir mi artícu…
Nochebuena
—Sí, estoy muy triste. ¡Oh, no me deje usted solo, por Dios! Tengo necesidad de alguien que me acompañe. Sea usted mi …
Azul pálido
Es cierto que en el primer instante, cuando me fue confirmada la noticia y tuve que rendirme a la evidencia de los hechos, protesté…
Un hombre que pasa
Es como un joven dios de la selva fragante,
este hombre hermoso y rudo que va por el sendero;
en su carne morena se adivina puja…
La hoja de parra
Las dos de la tarde acababan de dar en el gabinete, amueblado con el lujo aparatoso e insolente propio de una cortesana vulgar enriquecida d…
El Hombre
El Hombre. Cuento número cuatro del libro El Llano en Llamas. Colección de cuentos de ambiente rural escritos por Rulfo, y que…
Día aciago
CAPÍTULO II
Muy bien; pero eso no quita que en el orden
de los días que atravesamos, venga, por sucesión
inm…