Crítica Literaria
Alma de artista
Selma cambió el sencillo traje de calle por una bata de seda azul, restos de su pasada opulencia. Con sus zapatitos de raso blanco y …
Una mujer respetable
la señora Baroda se molestó un poco al enterarse de que su esposo había invitado a su amigo Gouvernail a pasa…
La duda terrible de las apariencias
Pienso en la duda terrible de las apariencias,
En la incertidumbre en que nos hallamos, pienso que quizá somos juguete de una ilusi&…
Los ojos sombríos
Después de las primeras semanas de romper con Elena, una noche no pude evitar asistir a un baile. Hallábame hacía largo…
El último viernes
En cuanto lo hicieron pasar, Carner comprendió que aquel viernes iba a ser distinto. Creyó recordar tímidas premonicio…
Las cerezas
A Rubén Darío
Cuando yo sumaba apenas trece años, ya la adolescencia había ceñido a la blanca frente de m…
El converso
Entre Dios y yo todo ha quedado resuelto desde el momento en que he aceptado sus condiciones. Renuncio a mis propósitos y doy por te…
El conductor del rápido
Desde 1905 hasta 1925 han ingresado en el Hospicio de las Mercedes 108 maquinistas atacados de alienación mental
Cierta mañana…
El disfraz
El flaco Matías se paró frente a la vidriera. Allí estaba la careta de calavera. Era cierto. Medina le había dic…
El cadiceño
Allá lejos, por el camino que blanquea entre los viñedos y maizales, veo aparecer, como caballeros con lanza en ristre, dos h…
Silencio
Hijo mudo de la soledad y del misterio, tú eres el esposo esperado de la noche, el amigo ansiado de los que padecen, de los que n…
El caso de la señorita Amelia
I
Que el doctor Z es ilustre, elocuente, conquistador; que su voz es profunda y vibrante al mismo tiempo, y su gesto avasallador y misterios…
Un silbido
El entusiasmo caldeaba el teatro. ¡Qué debut! ¡Qué Lohengrin! ¡Qué tiple aquella!
Sobre el rojo …
Los inmigrantes
El hombre y la mujer caminaban desde las cuatro de la mañana. El tiempo, descompuesto en asfixiante calma de tormenta, tornaba a&uac…
La mata
Vivía sola, completamente sola, en un cuarto estrecho y sombrío de cabo de barrio. Sus nexos sociales no pasaban de la compra,…
El sueño de los dos niños
Estábamos, una noche del mes de Julio, en que el calor dejaba sentir su fastidiosa influencia, sentados con varios amigos en el sal…
El eclipse
Cuando fray Bartolomé Arrazola se sintió perdido aceptó que ya nada podría salvarlo. La selva poderosa de Guate…
La vestal
El penitente habló así:
«Su padre le había dado este nombre. Era una mujer de treinta y cinco a&nti…
Pinceladas
Las llamas del hogar ascendían en busca de libertad, abrigando con su cálido resplandor la soledad del salón en penumbr…
El gato
¿Cuánto tiempo llevaba encerrado?
La mañana de mayo velada por la neblina en que había ocurrido aquello…