Horror
El sillón de nieve
Por el camino de la montaña que llega a Megéve, en el mes de enero, en pleno invierno, avanzaba el automóvil, como sob…
El tesoro del diablo
Dos caballeros de Malta tenían un esclavo que se jactaba de poseer el secreto de invocar a los demonios y obligarles a revelarle las …
El reloj
Porque todos sus días, dolores, y sus ocupaciones,
molestias, aún de noche su corazón no reposa.
-Ec…
Nocturno
La amenaza había quedado en Roberto como un presagio de desgracia.
Sí, humílleme, pero algún día, si Di…
La última pena
A la hora de la siesta llovía el sol sus candentes púas en el escueto patio del Palacio de Justicia y una andrajosa muchedumbr…
Una velada
Varios objetos de importancia componen el ajuar del salón de la fonda. Sobre la pared blanca con su cal nueva, un retrato de Zumalac…
Tiempo de ánimas
No cuento ni conseja, sino historia.
La costa de L*** es temible para los navegantes. No hay abra, no hay ensenada en que puedan guarecerse.…
La agonía de La Garza
Vuelto a mi playa querida, pregunté por los míos. Mi playa es esa costa chata y riscosa que se duerme en línea temblona…
El muro
Otro leproso y yo nos arrastramos con precaución hasta el píe del muro, y miramos a lo alto. Desde el sitio donde est&aacut…
La larva
Como se hablase de Benvenuto Cellini y alguien sonriera de la afirmación que hace el gran artífice en su Vida, de haber visto …
El horla
19 de agosto
Lo mataré. ¡Lo he visto! Anoche yo estaba sentado a la mesa y simulé escribir con gran atenció…
Las Muertes Normales
Para celebrar su 10 aniversario, Proyecto Sherezade te propone un regreso a los orígenes orales del cuento. Una colección de 1…
Las Rayas
Es un cuento corto de Horacio Quiroga.
Sobre el autor:
Horacio Silvestre Quiroga Forteza (Salto, Uruguay, 31 de diciembre de 1878 - Bueno…
El ahogado
Sebastián dejó el montón de redes sobre el cual estaba sentado y se acercó al barquichuelo. Una vez junto a &eac…
Las panteras y el templo
Y sin embargo sé que algún día tendré un descuido, tropezaré con un mueble o simplemente me temblar&aacu…
La muerte
Se llamaba... ¿cómo se llamaba?... A veces pierdo la memoria... Elena, sí; creo que se llamaba Elena. ¡Qué…
Por qué la mató
Y fijando en ella sus grandes pupilas de felino, aquel impasible, que parecía haber absorbido los desalientos de muchas generacione…
Ligeia
Y allí dentro está la voluntad que no muere. ¿Quién conoce los misterios de la voluntad y su fuerza? Pues Dios n…
Mi crimen favorito
Después de haber asesinado a mi padre en circunstancias singularmente atroces, fui arrestado y enjuiciado en un proceso que dur&oacut…
Una broma de carnaval
Un manicomio es un cementerio de almas. Y así como la muerte física no tiene recato ni castidad que guardar, la locura, que es…