Ficción Histórica
Las señoritas
Les demoiselles o señoritas del Berry nos parecen primas de las milloraines normandas que el autor de La Normandie merveilleuse desc…
La confesión de un crimen
En el vasto salón del Prado aún no había gente. Era temprano; las cinco y media nada más. A falta de personas f…
Biografías breves
(1873 - 1920)
José Antonio Román nace en Iquique (Perú) en 1873 y fallece en Barcelona (España) en 1920.
…
Noche servia
Las once de la noche. Es la hora en que cierran sus puertas los teatros de París. Media hora antes cafés y restaurantes han ec…
Aroma de pecado
Sola, en la elegante habitación del hotel, se revolvía en el lecho, sin poderse dormir. Sus carnes producían rumor …
Hasta que lleguen las doce
A las doce menos cuarto del mediodía de ayer se derrumbó una casa en construcción.
(De los periódicos)
…
Pamplonilla La Loca
Leyenda sobre la fiebre del oro en Pamplona y la época de la colonia. Las Vetas era la base económica de la Nueva Pamplona, qu…
El esfuerzo mal pagado
El capitán Moncada, que se hallaba con su regimiento de caballería de guarnición en una vieja ciudad castellana, rec…
El extranjero
III
Tres noches después tomábamos café varios amigos en el precioso casino de Almería.
Cerca de nosotros,…
Las tapias del campo santo
Entre todas las tiendas de que se compone el comercio marinedino, la más humilde, anticuada y estacionaria es la de Bonaret, el qui…
Una aventura de amor
Cuando Lorenzo Torreón llegó a su casa de vuelta del baile, aquel martes de Carnaval amanecía. La luz que en la calle t…
Muchacha de otra parte
Cuando me contestó que no era de acá, yo pensé, sin demasiada imaginación, que estaba hablando de Buenos Aires.…
Golpe doble
Al abrir la puerta de su barraca encontró Sènto un papel en el ojo de la cerradura...
Era un anónimo destilando amenaza…
Todo en nada
VI
Decía así la carta:
«Me consideraba más fuerte; más honrada también. ¡Necia! Bastó …
El conjuro
En los ojos nocturnos de Celedonio Parra barájanse lentamente los naipes verdes del porotal. Esos ojos labriegos, ante la invasi&oacu…
La gitanilla
(Sección 6)
Hecho esto, comieron lautamente; repartióse el dinero prometido con equidad y justicia; renováronse…
El sueño de un reo de muerte
Una mañana, al salir de casa, hirió mis oídos el repique agudo y estridente de una campanilla. Llevé la mano a…
La reja
Sor Casilda alzó el pálido rostro, que sonrosaba una emoción repentina, y contestó a la tornera:
-Voy, voy ahora…
Un sueño
El Rey Don Felipe
El Greco y sus dos acompañantes vieron abrirse por fin una mampara, y fueron introducidos, de la antec&aa…
La comendadora
I
Hará cosa de un siglo que cierta mañana de marzo, a eso de las once, el sol, tan alegre y amoroso en aquel tiempo como hoy q…