Ficción Gótica
La araña
Jueves, 17 de marzo.
Me encuentro en un notable estado de excitación. Ya no hablo con nadie; apenas doy los buenos días a la s…
Las lavanderas nocturnas
He aquí, en mi opinión, la más siniestra de las visiones del miedo. Es también la más difundida pues cre…
El ahogado
Sebastián dejó el montón de redes sobre el cual estaba sentado y se acercó al barquichuelo. Una vez junto a &eac…
La tempestad
«Voy con María. Espéranos. --Octavio».
Octavio R..., el escritor neurótico de palabra helada, eras m…
El muro
Otro leproso y yo nos arrastramos con precaución hasta el píe del muro, y miramos a lo alto. Desde el sitio donde est&aacut…
La conciencia
En aquellos tiempos en que los guerreros iban completamente vestidos de hierro, vivía un hombre muy poderoso, pero muy malo, tanto qu…
Annabel Lee
Hace de esto ya muchos, muchos años,
cuando en un reino junto al mar viví,
vivía allí una virgen que…
La dama de Amboto
¿Conocéis, queridos lectores, las pintorescas Provincias Vascongadas? Y si tenéis esa dicha, ¿record&aac…
La pesadilla de Honorio
¿Dónde? A lo lejos, la perspectiva abrumadora y monumental de extrañas arquitecturas, órdenes visionarios, esti…
El aparecido
La cosa del mundo a la cual los filósofos otorgan menos fe es a los aparecidos. No obstante, si el caso extraordinario que voy a cont…
La Ajorca De Oro
"Ella era hermosa, hermosa con esa hermosura que inspira el vértigo, hermosa con esa hermosura que no se parece en nada a la que…
Ella
Cuando Ella murió después de largas semanas de agonía y morfina, de esperanzas, anuncios tristes desmentidos con viole…
Ligeia
Y allí dentro está la voluntad que no muere. ¿Quién conoce los misterios de la voluntad y su fuerza? Pues Dios n…
La aparición de Mrs Veal
Este asunto es tan extraño en todas sus circunstancias y lo sé de
fuentes tan autorizadas, que jamás lectura o …
La sombra
Porque el que se ensalzare será humillado, y el que se humillare será ensalzado.
(S. Mateo, v. XII, c. XIII.)
Hab…
La casa del lago
Paseándome sobre el lago de Ginebra vi, al pasar por delante de un viejo castillo abandonado, el terror impreso en el rostro de mi b…
La amortajada
Ahora sólo queda, cerca de ella, el marido de María Griselda.
¡Cómo es posible que ella también llame a su…
La nochebuena en el purgatorio
El poeta suicida, que me había guiado por los laberintos y recovecos de los círculos infernales, me sacó al fin de la c…
Tristán el sepulturero
II
El, tio Corneja apareció en aquellos instantes en el umbral de una puertecita que comunicaba la taberna con los dem&aacut…
Narciso
Si salía, encerraba a los gatos. Los buscaba, debajo de los muebles, en la ondulación de los cortinajes, detrás de los…