Juanita la larga
Juan Valera
Leído por Mongope
La novela se situa en la localidad de Villalegre, Con una prosa rica y desenvuelta, llena de ironía y sarcasmo, Juan Valera nos va relatando una historia de amor en la que los prejuicios y la gran diferencia de edad hacen que a Juanita, muchacha humilde, le cueste dar crédito al gran amor que despierta en Don Paco. Pese a tantas vicisitudes, el amor saldrá triunfador y la pareja acabará contrayendo matrimonio. - Resumen de Montse González (8 hr 9 min)
Capítulos
| Introducción | 4:01 | Leído por Mongope |
| Capítulo I | 10:03 | Leído por Mongope |
| Capítulo II | 10:32 | Leído por Mongope |
| Capítulo III | 8:01 | Leído por Mongope |
| Capítulo IV | 8:32 | Leído por Mongope |
| Capítulo V | 4:47 | Leído por Mongope |
| Capítulo VI | 6:55 | Leído por Mongope |
| Capítulo VII | 6:25 | Leído por Mongope |
| Capítulo VIII | 7:02 | Leído por Mongope |
| Capítulo IX | 7:22 | Leído por Mongope |
| Capítulo X | 5:52 | Leído por Mongope |
| Capítulo XI | 9:23 | Leído por Mongope |
| Capítulo XII | 7:07 | Leído por Mongope |
| Capítulo XIII | 12:39 | Leído por Mongope |
| Capítulo XIV | 13:21 | Leído por Mongope |
| Capítulo XV | 14:17 | Leído por Mongope |
| Capítulo XVI | 15:43 | Leído por Mongope |
| Capítulo XVII | 12:26 | Leído por Mongope |
| Capítulo XVIII | 16:33 | Leído por Mongope |
| Capítulo XIX | 11:42 | Leído por Mongope |
| Capítulo XX | 7:41 | Leído por Mongope |
| Capítulo XXI | 10:45 | Leído por Mongope |
| Capítulo XXII | 10:40 | Leído por Mongope |
| Capítulo XXIII | 9:57 | Leído por Mongope |
| Capítulo XXIV | 14:46 | Leído por Mongope |
| Capítulo XXV | 11:00 | Leído por Mongope |
| Capítulo XXVI | 10:23 | Leído por Mongope |
| Capítulo XXVII | 10:30 | Leído por Mongope |
| Capítulo XXVIII | 10:31 | Leído por Mongope |
| Capítulo XXIX | 11:48 | Leído por Mongope |
| Capítulo XXX | 13:55 | Leído por Mongope |
| Capítulo XXXI | 11:37 | Leído por Mongope |
| Capítulo XXXII | 5:18 | Leído por Mongope |
| Capítulo XXXIII | 5:16 | Leído por Mongope |
| Capítulo XXXIV | 9:26 | Leído por Mongope |
| Capítulo XXXV | 10:30 | Leído por Mongope |
| Capítulo XXXVI | 15:04 | Leído por Mongope |
| Capitulo XXXVII | 7:11 | Leído por Mongope |
| Capítulo XXXVIII | 14:54 | Leído por Mongope |
| Capítulo XXXIX | 7:03 | Leído por Mongope |
| Capítulo XL | 9:47 | Leído por Mongope |
| Capítulo XLI | 13:47 | Leído por Mongope |
| Capítulo XLII | 15:53 | Leído por Mongope |
| Capítulo XLIII | 15:30 | Leído por Mongope |
| Capítulo XLIV | 9:41 | Leído por Mongope |
| Capítulo XLV | 7:32 | Leído por Mongope |
| Epílogo | 16:48 | Leído por Mongope |
Reseñas
Hermosa
A LibriVox Listener
Muy agradable de escuchar, no solo lee, interpreta y ayuda a meterte en la historia, que es muy divertida y hermosa.
Maria José
Muy buena la novela y muy bien relatada
interesante novela y situacion
Basquetteur
Gracias por haberlo hecho posible y en particular claro a la narradora Montse González. Pongo un extracto del curioso encontronazo entre Juanita la larga y Don Paco: "Una tarde del mes de Mayo Juanita se entretuvo en la fuente en larga y alegre conversación con otras muchachas. Ya anochecido, subía con su cántaro lleno por la cuesta, que en aquel momento estaba sola. La tertulia de los poyetes solía, en primavera y en verano, durar hasta las ánimas, hora en que los tertulianos se retiraban para cenar y acostarse. Aquel día don Paco había estado haciendo esfuerzos, ó como si dijéramos, gimnasia con su voluntad para no ir á la tertulia y ver á Juanita. La lucha entre su voluntad razonable y su inclinación había durado bastante. Al fin, la voluntad sometida llevó, aunque tarde, á la tertulia de los poyetes á toda la persona de don Paco. La picara casualidad hizo que, al bajar don Paco, subiese Juanita, según hemos dicho. Era ya de noche. El cielo estaba despejado, pero sin luna. Las estrellas, si resplandecían en el éter infinito, vertían muy débil luz sobre la tierra. Acrecentaba la obscuridad, en el punto en que ambos se encontraron, algunos frondosos árboles que allí había y el alto vallado de zarzamoras y de otros arbustos que se extendía á un lado y á otro por casi todo el camino. Juanita era muy distraída é iba además pensando en sus travesuras de muchacha. Don Paco era también distraído. Él mismo no sabía en qué estaba pensando. Era, además, algo corto de vista. Lo cierto es que no repararon uno en otro al venir en opuestas direcciones, ni oyeron el ruido de los pasos. Chocaron, pues, y se dieron un buen empellón. — Caramba, hombre —dijo Juanita—mire usted por dónde va y no camine á ciegas; por poco me tira el cántaro. Don Paco, que conoció á Juanita por la voz, contestó con mucha dulzura: — ¡Perdona, hija mía! ¿Te he hecho daño? Ella, que también conoció á don Paco en seguida, replicó riendo: — ¿Qué daño me ha de haber hecho usted? Pues qué, ¿soy yo acaso de alfeñique? -No, hija. Bien sólida y firme me pareces. Si en algo eres de alfeñique, no es por lo quebradiza, sino por lo dulce. — Entonces seré turrón de Alicante, dulce pero duro. — Y vaya si me ha parecido duro. - Si advirtió usted su dureza hablará sólo de su dulzura por adivinanza. — Pues qué, ¿no podría yo probarla? - Ya está usted viejo, don Paco, y no podría meterle el diente. - Pues te equivocas, que yo no estoy tan viejo, y tengo los dientes tan cabales y tan fuertes, que, si se tratase de mordiscos, hasta en una piedra los daría. Pero yo no quiero emplear contigo sino más blandas y amorosas demostraciones. — ¡Ea, quite usted allá, señor don Paco! ¿Qué demostraciones ha de hacer usted, si puede ser mi abuelo? Y como don Paco seguía plantado delante, atajándole el camino, Juanita continuó: — Vamos, déjeme usted pasar. Si parece usted un espantajo. ¿Qué dirá la gente si le ve y le oye hablar aquí y requebrar en la obscuridad á una mocita? Capaz será de decir que ha perdido usted la chaveta y que ya no sirve para secretario del Ayuntamiento y consejero de don Andrés. Don Paco se apartó entonces y dejó pasará Juanita, pero en vez de dirigirse hacia la fuente, se volvió, siguiéndola, hacia el lugar. — ¿Qué hace usted, señor? ¿Por qué no va á su tertulia? Todavía están en los poyetes el señor cura, el boticario y el escribano. Váyase usted á hablar con ellos. — Ya es tarde, pronto se volverán y desisto de ir hasta allí. Prefiero volverme charlando contigo. — ¿Y de qué hemos de charlar nosotros? Yo no sé decir sino tonterías. No he leído los libros y papeles que usted lee, y como no le hable de los guisos que mi madre hace ó de mis bordados y costuras, no sé de qué hablar á su merced. — Háblame de lo que hablas á Antoñuelo cuando estás con él de palique. — Yo no sé lo que es palique, ni sé si estoy ó no estoy á veces de palique con Antoñuelo. Lo que sé es que yo no puedo decir á su merced las cosas que á él le digo. — ¿Y qué le dices? — Pues no quiere usted saber poco. Ni el padre Anselmo, que es mi confesor, pregunta tanto. - Algo de muy interesante y misterioso tendrá lo que dices á Antoñuelo, cuando ni al padre Anselmo se lo confiesas. — No se lo confieso porque no es pecado, que si fuera pecado se lo confesaría. Y no se lo cuento tampoco, porque á él no le importa nada, y á usted debe importarle menos que á él. A todo esto, como iban á buen paso ambos interlocutores, habían ya subido la cuesta y se hallaban en el altozano, á la entrada del lugar, donde están la iglesia parroquial y las primeras casas. - Déjeme su merced ahora - dijo Juanita, - y no venga, con perjuicio de su autoridad, acompañando á una chicuela que lleva un cántaro. ¡Pues no se enojaría poco la señora doña Inés, que tiene tantos humos, si viese á su señor padre sirviendo de escolta, no á una princesa como ella, sino á una pobrecita trabajadora! - ¿Qué había de decir? Diría que yo te estaba encomendando algún trabajo. - No es esta hora ni ocasión para eso. Y por otra parte, no es á mí, sino á mi madre, á quien los trabajos se encargan. Acuda usted á ella si algo quiere encargar. Y diciendo esto, apresuró el paso, hizo á don Paco un gesto imperativo, marcándole la calle por donde debía irse, y ella se fué por otra que formaba ángulo recto con la que don Paco debía seguir."
Angeles Lopez
la novena tiene una trama interesante hay varios capítulos destinados a la descripción minuciosa de las festividades religiosas de semana Santa la lectora de Monse muy clara y amena
BLB
Me ha gustado mucho.Tan bien leída y tan bien entonado......me transporta ......tanto que parece que estoy viendo la escena. Mil gracias Montse.
Me encanto
A LibriVox Listener
Creo que me enamoré otra vez
Mariell
Hermosa novela me encanto, muchas gracias ð
Digna Capdevilla
Excelente lectura. Hermosa narración. Gracias Monse por trasladarme con tu lectura al sitio donde se desarrollan los hechos. Muchisimas geacias por deleitarnos con tan hermosa e impecable voz